martes, 7 de febrero de 2012

PREPARANDO EL DEBATE 1

Luis Pires: Reflexiones sobre el déficit público


Luis Pires10:00 - 13/01/2012

La desviación del déficit público sobre las previsiones para 2011 del anterior Gobierno está dominando el debate de los últimos días (por cierto, es una desviación del 33%, de 6 a 8, no del 2% como muchos indican incorrectamente). Más allá de las políticas concretas que ha propuesto el nuevo Ejecutivo para hacer frente a este desvío -ya sea más o menos imprevisto-, sería interesante reflexionar sobre la sostenibilidad del déficit público a lo largo del tiempo y la incapacidad de los políticos para enfrentarse adecuadamente a este problema.

En primer lugar, un Estado no puede funcionar permanentemente con déficit presupuestario, y si lo hace incurrirá en una serie de costes muy graves a largo plazo. La terminología oficial habla pomposamente de "equilibrio presupuestario cíclicamente ajustado", lo que debería significar déficit cero de media, siendo éste positivo en épocas de crecimiento económico y negativo en las crisis.



Pero el objetivo real en la UE, establecido en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, es un déficit del 3% de media, lo que implica un desequilibrio inferior pero positivo cercano al 3% en los años buenos, y un aumento brutal de ese déficit en las crisis, que en el caso español llegó al 11,1% en 2009. ¿Puede un Estado funcionar permanentemente con un déficit tan grande y sin superávit? La respuesta es que no, salvo que ponga en peligro su propia supervivencia (que se lo cuenten a Grecia), o con unos costes muy altos en términos de endeudamiento creciente, inflación o depreciación de su moneda, aspectos todos que constituyen formas de hacer pagar a los ciudadanos ese déficit de forma indirecta (en vez de con impuestos, con deuda o con el impuesto inflacionario).

Deuda en niveles de guerra

Así, los niveles de deuda de los países de la OCDE llevan décadas situados a unas cotas cercanas a situaciones excepcionales como una guerra. Por ejemplo, el umbral máximo de deuda del Gobierno de EEUU se alcanzó tras la II Guerra Mundial, llegando al 110% del PIB, mientras que muchos países europeos se acercan al 100% o incluso lo superan durante una época de paz. Un nivel tan alto compromete seriamente el funcionamiento económico de un país y de su Gobierno, no sólo directamente al constituir el pago de la deuda una parte cada vez más importante de los Presupuestos, sino porque cuando el Estado se endeuda expulsa de la posibilidad de endeudarse a las empresas privadas y los particulares.

Un Ejecutivo que sólo puede gastar lo que ingresa funcionaría mejor porque sus políticos tendrían que ser más austeros y concentrar sus esfuerzos de gasto en aquellos realmente necesarios y demandados por la sociedad, evitando los superfluos, que tan bien conocemos en España. Además, un Estado saneado sería mucho más capaz de afrontar retos consistentes en alzas futuras del gasto, como las pensiones o la partida sanitaria y educativa, que unos Gobiernos lastrados por un alto endeudamiento o un nivel impositivo exagerado serían incapaces de abordar.



En definitiva, la mejor política pública es aquella que obliga a no tener déficit salvo en situaciones excepcionales de crisis, con un compromiso de recuperar el superávit rápidamente. Esto permitiría que el Estado funcionara mejor y pudiera afrontar con mayor garantía los retos del futuro a los que se enfrenta.



Sin embargo, este compromiso encuentra dos resistencias. La primera es ideológica, con numerosos economistas que ven positivo que el Estado tenga un déficit permanente; como ilustración cabría recordar cómo un insigne representante de éstos, Paul Krugman, llega a denominar al Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la Unión Europea como un "pacto para la estupidez" en su libro de texto de Economía. La segunda resistencia viene de los propios políticos, que llevan décadas acostumbrados a gastar mucho más de lo que ingresan, y que en numerosas ocasiones encuentran en algunos economistas una coartada para su irresponsable actuación.



Luis Pires, profesor de Economía de la Universidad Rey Juan Carlos.